4 de julio de 2013

Carambolas léxicas.

Siempre he sabido expresar lo que siento. Lo que jamás aprendí fue redactar una historia sin que resultase pesada, o monótona, o se tornase extremadamente aburrida hasta tal punto que dieran ganas de quemar el cuaderno donde la había escrito, con pulso demasiado firme para unas palabras tan temblorosas. Mi intención no era buena, era la mejor. ¿Hay algo más bonito que intentar ir contando una historia que ha significado mucho para ti? Ya, lo sé. Lo intenté exactamente cincuenta y cuatro veces, y todas y cada una de ellas fracasé. Hay cosas que es mejor dejárselas al olvido, que se haga cargo, que tú no eres tan buena ni tan fuerte como para seguir cargando con ellas. Por eso ahora me dedico a expresar lo que siento en el momento. Jugando con las palabras, no con los sentimientos. Haciendo malabarismos con y sintigo.


Porque sé. No. Porque puedo.


    Puedo malinterpretar mis propias metáforas.
    Puedo follarte en cada oración.
    Puedo hacerte el amor en cada texto.
    Puedo hacer que mi perdón vaya cabizbajo hacia tu pecho con una frase poco rebuscada.
    Puedo enamorarte con mi artillería palabrería pesada.
    Puedo hacerme un hueco en tu subconsciente con vocablos en el orden adecuado para que los recuerdes.
    Puedo escribir hasta que se me gangrenen los dedos.
    Puedo jugar al billar con un mí, me, contigo.
    Puedo vencer a los monstruos de debajo de tu cama con un bolígrafo.
    Puedo cortar venas con un folio de papel.
    Puedo sangrar tinta sin una sintaxis lógica.
    Puedo ser el verbo más excitante de tu sujeto desnudo a los pies de mi cama.
    Puedo sacarme un 'Y si...?' de la manga en cualquier momento.
    Puedo ponerte en un callejón sin salida, entre mis labios y la pared.
    Puedo saciar tus ansias de embriagarte con un léxico poco común.
    Puedo. Puedo. Puedo.

(Te)Puedo.
(Me)Puedo.
(Podemos).


Y hablando de poderes, de magia por escrito y de bajar bragas con una mirada. Os contaré un secreto nada poético, ni educado, ni fino, y un tanto vulgar.


El mejor hombre es aquel que te humedece, o mejor, te empapa la entrepierna mordiendo palabras eróticas con un bolígrafo, o incluso con casi treinta teclas desordenadas.

2 comentarios:

Alejandro Díaz dijo...

Si no se te puede leer en Twitter, habrá que pasarse más a menudo por aquí

@alex_vkcr

Anónimo dijo...

Buenísimo