28 de marzo de 2017

Te toca.

Si la vida es como el juego del parchís,
el mundo es el tablero,
y sus brazos casa.

Uno.
Dos.
Tres.
Te como.
Me cuento 20 y vuelvo a tirar.

20 de febrero de 2017

Del montón.

Soy muy normal.
No tengo nada de especial.
No bebo.
No fumo.
No me drogo.
No salgo.
Solo he follado si he estado enamorada.

Y también sé mentir muy bien.

2 de noviembre de 2016

Hogar

Eres el hogar más bonito que me he tirado.

Y me he follado otros lugares por despecho,
por no saber a dónde ir,
por atracar en un puerto que no me aporta,
por descansar en un pueblucho abandonado que me pillaba de camino,
por descubrir sitios nuevos,
por ¿curiosidad?,
por pasear por calles abarrotadas de gente,
y yo, sin embargo, sintiéndome sola entre esa multitud.

Hasta que volví a casa.
Un poco más lejos.
Un poco más.
Ahí.
Justo ahí.

Estaba de okupa en una habitación pequeña, lúgubre, con humedades en las paredes, fría, árida, oscura, silenciosa, vacía. Salía de vez en cuanto por las noches a inspeccionar el resto de la casa, daba paseos por el jardín todas las tardes para que me vieras. Me encantaba ese sitio. Pero no vivir de esa manera. Ni a ti. Que no te gustaba ir a esa habitación, ni sacarme de allí a hurtadillas, ni mirarme de lejos.

Y, pues vaya, que desaloje la mansión y la hice mi hogar.







Pienso quedarme a vivir aquí para siempre.

24 de octubre de 2016

No me, no me. Que te, que te.

Me echaste una mirada de esas que alteran cada terminación nerviosa.
Como quien echa uno de los mejores polvos de su vida.
Que te deja temblando las rodillas con la respiración entrecortada.
Que te dilata las pupilas como la mejor droga del lugar.
Que te cuesta volver a respirar pausadamente.
Que no puedes borrar la sonrisa de tu cara para lo que quede de día.


Y yo aquí, que sigo hablando de tu mirada.




O no.

14 de julio de 2016

Como si fuera ayer.

Aún recuerdo la primera vez que te vi.

Mi ceño se frunció y me provocaste una mueca algo parecido a una media sonrisa. Te miré extrañada porque no te conocía. Y te conocí. Conectamos de una manera peculiar: asqueándonos del comportamiento de alguien. Nos miramos y nos reímos.

Esa fue la primera vez que pensé que tenías algo especial.

Hace escasamente dos meses hicieron 4 años desde ese día.

Después nos divertimos, hablamos, reímos, quedamos.

Como si fuera ayer, oye.

Iban pasando los días y siempre deseaba verte, abrazarte, protegerte, hacerte reír.

Me dabas sorpresas, me regalabas cosas que ni eras consciente, compartíamos secretos, corríamos como Phoebe, eramos cezys. Con el tiempo te llegué a llamar hermana. Mi pequeña golfa. Mi ojito derecho. Mi Lavigne. Mi amazona.

Y sí, recuerdo esto con nostalgia porque muchas de mis mejores locuras han sido a tu lado.
No sé porqué escribo esto (como la mayoría de las veces que lo hago), pero sí sé lo que pretendo, lo que siempre he hecho: hacer sonreír haciendo la medusa cachonda.




Te sigo queriendo como siempre y como nunca.

29 de junio de 2016

Lo que implica irse.

Me voy.

Pero no lejos, 
pero me voy, 
pero cerca, 
pero a la vez lejos, 
¿sabes?

Me voy sin hacer ruido, 
porque duele menos,
porque es más fácil pensar que aún estamos cerca,
pero a la vez lejos, y no queremos pensarlo.
Pero pensamos que no lo pensaremos, 
y en algún momento me recordarás porque veas algo que sea tan yo que no puedas evitar recordarme, y pensarás en mí,
y en que ya no estamos cerca,
y en que sí que lo estamos pero no.

Y pensarás en por qué no despedirse bien,
en por qué despedirse mal y pronto,
como si no nos fuéramos,
pero nos vamos aunque algunos no queramos irnos,
pero a la vez sí porque es inevitable irse.

Nunca se me ha dado bien esto.
Lo siento, 
pero
   me voy
             así
                despacito
                      y en silencio.


Nos vemos en los bares.




Por si me recuerdas, me piensas y no quieres más lejos y sí más cerca.


22 de junio de 2016

Después de tanto tiempo.

Ahora qué

ha acabado mi periodo de formación en centros de trabajo,

ha finalizado mi proyecto de fin de grado.

ha terminado mi formación académica.


Se cierra una etapa en la que han pasado muchísimas cosas, tanto buenas como malas, aunque estas últimas me gusta pensar que han sucedido para ser y tener lo que hoy en día soy y tengo.

He crecido.

Por eso, muchas gracias a todos los que os habéis cruzado en mi camino para enseñarme lo que aún se escapaba a mis conocimientos y por confirmarme lo que ya sabía.

No puedo decir que vaya echar de menos todo esto, que también, pero, qué malo que es estancarse en la vida, ¿no creéis?





Ahora qué

tengo más tiempo, espero que me leáis más

y mejor

y más suave

y más bonito.


31 de enero de 2016

Real

Me gustan las cosas/personas reales.
-como tú-



Los besos que son impulsos.
Las caricias que salen por instinto.
Los abrazos que son casa.
La miradas que son puro sentimiento.
Lo natural.
Las carcajadas limpias sin complejos.
Los movimientos de la gente,
que fluyen, 
que no se fuerzan, 
que le salen solos, 
que son tan geniales, 
que le dan buen rollo a la vida,
que no se preocupen si es lo correcto o no,
que no se cohíben,
que son así,
tal cual.
Sin pretender ser esto o lo otro.
Sin intentar agradar o no.

Auténtico.

Original.


Eso es lo que me gusta.

11 de enero de 2016

Cuando las malas lenguas hablan

Dicen que

...

que si tú eres

...

que si yo soy

...

Y a mí que me la suda.




Podría escribir aquí todo lo que eres,
lo que tenemos en común y lo que no,
lo que nos gusta hacer juntos,
lo que ya hemos planeado y lo que nos queda por planear,
lo que somos, fuimos y seremos.

Podría escribir aquí muchas anécdotas graciosas,
anécdotas bonitas,
primeras veces.

Podría escribir aquí que nunca nos aburrimos,
que nos gusta la cerveza,
el cine,
el rap.

Podría escribir aquí que me quedo agilipollada
cuando me cantas,
me miras,
me cuentas historias,
me dices lo que sientes,
me lloras,
me ríes,
me besas,
me sorprendes,
me llevas,
me traes,
me haces sentir viva.

Podría escribir aquí tantísimas cosas...

y no quiero.

26 de noviembre de 2015

No soy.

No soy como tú te piensas.
Te piensas que soy
como tú me has idealizado,
por cómo te he tratado,
por cómo te he hablado,
por cómo me he dejado ver ante ti.

Ten claro que nadie me va a conocer al 100% nunca,
pero si al 90%,
y será quien yo quiera.

En mi defensa diré que.

24 de noviembre de 2015

En suspenso

Intenté escribirte, te lo prometo.

Pero me quedé en ese momento
en que te aproximaste a mí
con tu faceta más seria,
te quedaste a medio centímetro de mis labios
y sonreíste.



En ese momento me quedé.

22 de octubre de 2015

Una noche cualquiera

Empezamos por la calle.
Sácame la mano del pantalón que no me prende el mechero.
Me coges por detrás y te apoderas de mi cuello.
La mano, en su sitio.
Y que no, que no atino.
Me cuelga el Malboro del labio.
Te echo la bronca entre risas.
Me das la vuelta, me robas el cigarro aunque fumes Camel.
Ríete. Ahora. Que puedes.

Subimos al piso, y lo manchamos todo con nuestro aroma.
Espaldas y manos por las paredes.
En la cocina, coger dos vasos torpemente y el whisky de la mesa.
No usamos los vasos. Vaya.
Nos bebemos a morro.
A chupitos en mi ombligo.
Me coges de la barbilla con la boca abierta.
Noto como baja ardiendo por mi garganta. El whisky.
Se derrama y que no se desperdicie ni una gota,
sacas a pasear tu lengua por el camino que ha dejado.

Tus labios por mi cuello.
Tu mano agarrando mi muslo, a la altura de tu cadera.
Tu otra mano desabrochando el botón.

Vamos a drogarnos en tu salón.


Quiero tirarme a todos los vicios.

A ti el primero.

29 de septiembre de 2015

Dermatilomanía

Hola a todos. Mi nombre es Ana y sufro dermatilomanía. La mayoría de vosotros no sabréis de qué se trata esta enfermedad, pero aquí estoy yo para que sepáis algo de mí en un sentido más serio. 

La dermatilomanía es un trastorno de control de impulsos caracterizado por el impulso repetitivo de rascar, pellizcar o excoriar la propia piel y que suele provocar lesiones cutáneas. Mucha gente lo asocia a un TOC (Trastorno obsesivo compulsivo), cosa que, personalmente, no descarto. En mi caso, se concentra en las piernas y en la cara. Por suerte, lo de la cara lo superé hace un año.

Cualquiera que me conozca bien y haya visto con detenimiento mis piernas sabe que algo pasa, que no es normal llevar tantas heridas. 

Todo comenzó en la adolescencia. La mayoría de mis amigas no tenía ni una imperfección en la cara, ni una espinilla, si a caso algún granito menstrual de esos que ya sabéis que son tan puñeteros. Pues bien, a mí no se me ocurría otra cosa que para verme mejor era pellizcarme la cara. Me explotaba los granos hasta que salía sangre (cosa que daña dermis pudiendo dejar marcas) y quitándome espinillas antihigiénicamente. Por mucho que mis padres o mi tata, que es esteticista y entiende del tema, me dijeran que eso no me iba a traer más que problemas, no hacía caso. No es que no hiciera caso, es que no lo podía evitar. Mi deseo por tener una piel libre de granos y espinillas era desmesuradamente desesperado. Hasta que se convirtió en un hábito.
Siempre, absolutamente siempre, tenía en la cara alguna marca. Hace un año que lo superé gracias a mi madre que se deja un pastón en cremas para controlar el sebo de mi piel, exfoliantes contra las espinillas y un largo etcétera de productos que me han ayudado a mejor el aspecto de la misma.

Con el tiempo el problema pasó a las piernas, pero por otros motivos. Me depilaba con crema depilatoria y todo iba bien. Hasta que empecé a depilarme con cera y maquinas estilo Silk Epil. Mi vello empezó a debilitarse por lo que le costaba atravesar la epidermis para salir y comenzaron a hacerse quistes e infectándose.

Volvemos al tema de las féminas de mi entorno: Todas con las piernas como la seda. He de añadir que esta fue una mala época personal para mí, por lo que pudo ser un detonante de mi segunda dermatilomanía localizada. Empecé a pellizcarme la piel para deshacerme de mi problema. Esto llegó a tal punto que me seguía pellizcando hasta cuando no había nada. A veces, incluso con ayuda de unas pinzas o alfileres esterilizados. Suena tal y como es. Triste.

Tuve un par de años a alguien que me motivó a no hacerlo más, pero no podía parar. Ya es mucho tiempo el que llevo sufriendo esta enfermedad. Y por mucho que alguien me diga: ‘Para, ¿no ves que te estás haciendo daño a ti misma sin solucionar nada?’; no funciona. Sigo arañándome, rascándome y pellizcándome la piel. Alguna temporada más, otra menos. Espero algún día poder superarlo como ya lo hice una vez.

Así que, si alguien me ve alguna vez las piernas y se pregunta por su aspecto,  ya sabéis a qué se debe.

Gracias por leerme como siempre y un abrazo a todos aquellos que se preocupan por mí. 



Y si queréis saber más sobre este trastorno, googleadlo- que para eso está.

1 de septiembre de 2015

Nueva temporada

Se acerca. ¿Lo oyes? Ya está aquí.
Nuevos proyectos. Nueva etapa. Nueva temporada.
Se está acabando el verano, y perdonadme por esto, pero menos mal.

He viajado lo que he podido,
he conocido a gente nueva,
he reído como nunca,
he dado sorpresas,
he dado mil abrazos concentrados en uno solo,
he dejado huella,
he regalado recuerdos,
he leído hasta quedarme dormida,
he descubierto canciones nuevas,
he escrito cosas impensables que nadie leerá,
he terminado series,
he cantado,
he bailado,
he vuelto a tocar mal la guitarra,
he llorado por tonterías,
he abierto heridas,
he sanado otras,
he ido al río,
he ido a la playa,
he ido a la montaña,
he ido al norte,
he ido al sur,
he arreglado cosas,
he roto otras,
he sonreído más sinceramente a personas que acababa de conocer que a amigos de toda la vida,
he celebrado,
he estado sola rodeada de mucha gente,
he hecho locuras,
y un largo etcétera.

Pero lo más importante, he cambiado y me he enamorado.
De mí.

Y, sinceramente, eso significa que el verano puede acabar ya tranquilamente, porque para mí ha rentado muchísimo.
Estoy preparada para afrontar lo nuevo que se avecina, nuevas responsabilidades, nuevos retos, nuevas metas, nuevos conflictos, nuevas fiestas, nuevas ideas. Tengo los sentidos a tope, pienso volcarme en todo esto que de verdad me hace feliz, y no sé si es la cafeína, la adrenalina o mi locura la que me incita a decir todo esto. Pero tengo un positivismo encima que quizás dentro de dos minutos venga alguien a tocarme los ovarios y todo esto ya no tenga validez.

Feliz 'temporada' nueva.

22 de julio de 2015

Las mujeres como yo 2.


Puedo estar días.
Semanas.
Incluso meses.
Sin hablarte.
Sin dejar de importarme.
Porque me importas.
Pero soy así
de despegada
de independiente.

No te puedo prometer demasiadas cosas, porque sé que no las voy a cumplir.
Pero puedo prometerte que puedes contar conmigo cuando me necesites.
Que tendré pequeños detalles que te harán sentir especial.
Que te haré reír, sonreír.

De hecho, ahora llevo tu camiseta.
Veo nuestras fotos.
Sonrío.
¿Sonríes?
Qué intenso todo.

¿Llevas mi coletero en la muñeca?
No te lo quites, por favor.
Cuando pierda mi aroma
me encargaré de que vuelva.

Me gusta pasar tiempo sola,
aislarme de todos y de todo,
dedicármelo a mí.

Y de vez en cuando oigo tu voz pronunciando mi nombre,
como si te perteneciese un poquito más cada vez que lo haces.

Pero, aquí estoy, echando por tierra todo lo que he dicho,
porque tengo tiempo libre, y escribo sobre ti.

Joder.

19 de julio de 2015

Si no te vas

Si no te vas,
tengo tres noches a la semana que regalarte
y otras cuatro de propina.
Un tanga sin estrenar,
y fresas en la nevera.
Un beso en la comisura izquierda
-donde el pliegue-,
y mil abrazos en cola de impresión.

Si no te vas,
tengo un pack de 24 cervezas Estrella de Levante,
las 10 temporadas de F.R.I.E.N.D.S.,
y una sonrisa para ti.
Puedo parar el reloj un día entero
y hacer como que no ha pasado el Domingo.

Si no te vas,
podría cocinarte tu plato favorito,
ducharnos juntos,
tocarte la guitarra mientras me cantas malamente
una canción de mala muerte.

Si no te vas,
nos podríamos enamorar juntos del mar
desde un banco
una noche de verano,
o desde la orilla de la playa
una fría mañana de invierno.

Si no te vas,
podríamos ser.

Pero que conste que no te estoy pidiendo que te quedes.



Vete.

9 de junio de 2015

Las mujeres como yo

Siento que puedo con todo con solo rozarle.
Que podría escribirle un poema debajo del ombligo con mis dedos.
Si se deja.
Contar estrellas sin mirar el cielo.

Y me mira.
Y me siento más mujer.
Y me sonríe.
Y me siento más niña.

Que podría bailarle canciones que no me gustan,
con tal de seducirle o hacerle reír.

Aspirar su humo. 
Y que no me mate el tabaco,
y que me mate él.

No le conozco.
Y quiero.

Supongo que será tímido, y que le gusta escuchar música a todo volumen, como al que menos. Y quizás así se sienta igual de enorme que yo cuando me habla. A lo mejor, no le gusta contar historias, pero lo hace. Quizás me lea porque puede que a veces hable de él, y hasta quizás le agrade verse reflejado en alguna prosa de mierda de las que yo escribo.
Puede ser que le guste el calor. O, tal vez, el frío. Nunca le he visto de manga larga y me desquicia no saber qué significa. Y bueno, está jodidamente bueno. Guapo. Pero un guapo de esos que no lo sabe y lo es aún más por ese motivo. 

Pero no le conozco.





Yo aquí venía a hablar de mí.
Y no.
Qué ruina.

4 de junio de 2015

Suéñame despacio que tengo prisa

Llevaba enredado en el pelo el aroma del mar,
y cada terminación nerviosa de mi piel deseosa
pedía a gritos que me lamiera el salitre del cuerpo,

Que no quería otra cosa que jugar,
sin ser sirena ni mierdas de esas,
correr(se) por la playa y poco más.

Me retorcía y me salía de la toalla.
Y era de noche.
¿He dicho ya que era de noche?
Acababa llena de arena,
y suplicándole a Dios siendo atea,
que viniese a ducharme,
para no dejar de sentirme sucia.

18 de marzo de 2015

Felina

Me retuerzo cuando me acarician.
Me lamo las heridas.
Me afilo las uñas en corazones de piedra,
y los colmillos en los blandos.
Me estiro, me desperezo, me tumbo en el canto de una sonrisa.
Me acurruco en sitios calientes.
Me voy sin avisar.
No hago caso.
Échame de menos cuando desaparezca.
Quizás me atropelle un latir desbocado
y no vuelva a casa por perseguir mariposas de estómagos ajenos.



22 de febrero de 2015

Muy yo, muy desastre

Y cuántas veces habré dicho lo desastre que soy. Las cosas me duran un día ordenadas. Los cajones, el armario, los pensamientos, las fotos del ordenador, los sentimientos, los libros. Todo revuelto. Pero, que parecerá desordenado ante los ojos de cualquiera, y no ante los míos. Y es que tengo un orden particular. Un orden desordenado. Y tiene su explicación. Necesito tener todo a mano, poder verlo, o no querer verlo. He ahí el por qué me dejo algún sueño encima de la almohada y un libro debajo de la cama, o un bonito pensamiento al lado del equipo de música con mi canción favorita lista para reproducirse, y una carta de desamor en el fondo del cajón más profundo de mi cuarto. No quiero guardarme los recuerdos en un cajón bien ordenados, ni las bragas separadas de los tangas, ni los sentimientos fichados en una carpeta, ni los collares de bisutería en un compartimento y los de plata en otro. Y la preciosa sorpresa que nos llevamos al meter la mano en el cajón sin mirar y sacar tu tanga favorito, a juego con tu giratiempo, una tarde de cine con tu amiga y un amor irracional hacia la camiseta del desconocido del lavadero de coches. Mejores combinaciones he visto; como la de su sonrisa, mis caderas, y nada de tensión elástica en ellas, por que, vaya, se me olvidó meter la mano en un cajón.